
La mañana inicia aún con oscuridad para las y los habitantes del campo. El día se hace corto para todo el trabajo que realizan y pocos son los beneficios económicos a cambio de la energía gastada en la faena diaria.
Hay un prejuicio bastante extendido en los sectores urbanos, totalmente alejado de la realidad, que imagina la vida campesina como sembrar maíz, sentarse a esperar que crezca y vivir en la pobreza. Por el contrario la economía campesina es poliactiva, no es sólo producción de granos básicos o sólo agricultura. Una misma familia campesina también desarrolla actividades en el comercio, en la construcción, en el cuidado familiar, comunitario y ambiental, en la artesanía; el turismo, el arte y los servicios urbanos. Nada hay más dinámico que el campo. Nadie hay más explotado que el campesinado. El trabajo en las fincas, como jornaleros, es una parte de esta dinámica.