sábado, 3 de octubre de 2009

FELÍZ DÍA DE LA NIÑA



¡Ayer celebramos en casa el día de la niña, pues allí vive una niña! Hablar de manera diferenciada sobre niños y niñas, no es concesión al lenguaje o sólo reivindicación de género. Una celebración como ésta, además de la alegría que produce, debe llevarnos a meditar sobre los diversos problemas que niños y niñas enfrentan: menos áreas verdes, mercantilización de los espacios de diversión, violencia intrafamiliar, desnutrición crónica y aguda, exposición permanente al bombardeo mercadotécnico que promueve consumismo, deficiente educación pública o privada que adormece la conciencia y creatividad infantil, el racismo cotidiano, entre muchos otros. Debemos agregar a nuestra reflexión el hecho de que las niñas, por su condición de edad y por su condición de ser mujeres, están expuestas a peligros y abusos diferenciados a los que están expuestos los niños.


La sociedad asigna roles a futuro desde la niñez. Claro ejemplo son los regalos que tías, abuelos, amigos, padres y madres, hacen en estos días festivos: a niños se les obsequian carritos y a niñas se les dan muñecas o trastecitos. Las muestras de cariño se convierten en una amenaza para el futuro de las niñas pues se les destina un mañana enclaustrado en el espacio doméstico. Esta condena pasa desapercibida para quien entrega con amor los “inofensivos juguetes”.

Otros problemas diferenciados se relacionan con el trabajo forzado infantil. Más de 200 millones de niños y niñas son obligados a trabajar en el mundo. Para las niñas el trabajo infantil significa, en muchos casos, prostitución forzada. En Brasil existían en 2003, alrededor de 500 mil niñas prostituidas. En Guatemala la realidad no escapa de este flagelo.

En relación a la violencia intrafamiliar: madres, niños y niñas sufren, en silencio, golpes, insultos y degradaciones. Los abusos sexuales llegan principalmente a madres e hijas.


Atender los problemas de niños y niñas es la mejor prevención que la sociedad puede hacer para no replicar los problemas que hoy enfrentamos. Construir un país diferente (sin violencia, racismo u opresión de ningún tipo) es posible partiendo de la educación que hoy construyamos. Una muestra de lo que hacemos mal en escuelas y colegios es cuando, a través de canciones o actos para el día de la madre, la niñas cocinan un pastel mientras los niños pelean como superhéroes contra monstruos de televisión. Se trasmite la idea de que las mujeres son para la cocina y los hombres deben ser machos que muestran su hombría con golpes. Golpes que, en la práctica, son contra quien ponga en peligro su poder y dominio, aunque sean las mujeres, hijos e hijas con quienes conviven. El círculo de la violencia se reproduce en estos juegos, cantos y obras de teatro.

El mundo de los libros puede generar nuevos hombres y mujeres si sus contenidos son diferentes. Los niños y niñas se ven sorprendidos por el mundo de colores, formas, texturas, personajes e historias contenidas en los libros. Si dentro del útero materno se escuchan historias y desde los primeros meses de vida se reciben estímulos provenientes de libros, muy probablemente en los años de infancia, juventud y adultez los libros serán nuestros acompañantes. Regalar libros seleccionados cuidadosamente es una buena opción para demostrar amor.


Celebremos los días de la niña y del niño alejándonos del consumismo. No más hamburguesas, ni regalos de muñecas anoréxicas o muñecos de matones a sueldo. Apostemos por una educación no sexista y salgamos de las trampas que la historia nos ha puesto a los que fuimos niñas o niños hace ya algunas décadas.

Recomendación: En el Teatro de Cámara del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias se encuentra en escena la obra titulada La Edad de la Ciruela. No dejen de asistir pues en el marco de una gran actuación y dirección, el contenido de la obra da para aprender y disfrutar. Una obra diferente para construir humanidad.


Publicado en Diario La Hora, 02 de octubre de 2009

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